¿Cuánto cuesta el surf?

Surfista en la ola

El surf es, de todos los deportes acuáticos, la iniciación más barata. El material es maravillosamente sencillo: una tabla, un neopreno, un leash, algo de wax, no hace falta más. Al final, la partida más cara a menudo no es el equipo, sino el viaje hasta la ola. Echamos las cuentas con honestidad.

El curso, barato e importante

Surfista en una ola verde
Una sesión en la escuela de surf te ahorra semanas de tanteo.

Un curso de surf es gratamente barato. Una sesión en grupo suele situarse en la franja baja de dos cifras, tabla y neopreno incluidos. Casi siempre merece la pena: aprendes a leer la ola, a remar correctamente y a ponerte de pie en el momento justo. Por tu cuenta lleva mucho más tiempo y frustra. Cómo son los primeros pasos lo tienes en Aprender a surfear.

Tabla, neopreno, leash y wax

El equipo propio es abarcable. Una tabla de iniciación, preferiblemente una soft-board blanda y con mucho volumen o una de segunda mano, se sitúa a grandes rasgos en la franja de tres cifras. A eso se suman un neopreno acorde a la temperatura del agua, un leash y wax o un pad para el agarre. Qué traje sirve para nuestras aguas lo aclara la comparativa de neoprenos, y con la primera tabla ayuda la guía de compra de tablas de surf. De segunda mano sales aquí muy barato.

La partida más cara: encontrar la ola

Surfista en una ola del mar Báltico
En el mar Báltico solo hay olas con viento fuerte, la mayoría en otoño.

Aquí reside el precio real. En el mar Báltico solo hay olas con viento en condiciones, la mayoría en otoño y con temporal, y eso no es fiable. Cuándo merece la pena surfear entre nosotros lo lees en ¿Hay olas en el mar Báltico?. Para olas constantes se viaja al Atlántico, y ese viaje suele costar más que todo el equipo. No es una desventaja, solo está honestamente contabilizado: en el surf pagas menos por el material y más por estar de camino.

Nuestro consejo: empieza con un curso donde corran olas de forma fiable, y alquila allí la tabla. El material propio solo merece la pena cuando sabes con qué frecuencia y dónde surfeas de verdad. Hasta entonces vale: el surf cuesta poco dinero y mucha ilusión.